24

Le pasé la contraseña de Netflix a todos mis amigos sin cuenta, y a gente que no era tan amiga. Le pasé la contraseña a Agos, a Ceci, a Yonki. Agos se la pasó a su hermana y su hermana a su novio. Ceci se la pasó a Laura y Laura a su papá. Yonki se la pasó a su chica. Cuando se las pasé, les pedí que no la compartieran con nadie. Diego se dio cuenta y cambió la contraseña.

Vi que Julia ya subía fotos juntos a su Instagram y vi que con Julia se decían I love u. Y me puso contenta porque al menos no era que él tenía un corazón egoísta. Fueron al bowling, ella amaba a la gata de Diego, vi que jugaban a los videojuegos juntos y vi que también iban a recitales. Vi que le decía “mi novia”. No volví a entrar a ninguna red social de ninguno de los dos. Hasta que un día entré al de ella para ver si había subido alguna foto nueva juntos. Tenía el morbo de verlos crecer juntos, de verlos en las fotos con distintos peinados, colores de pelo, quería verlos en la playa, llorando, abrazando a sus respectivos gatos, quería verlos amarse. Quería ver la cara de Diego cuando quería a alguien, quería verlo satisfecho y sin miedo de coger. Después de la primera vez que la imagen se materializa, la segunda duele menos. Y entré y le mandé una solicitud de amistad a Julia. Me mandó un mensaje preguntándome que quién era, y no le respondí. La bloqueé, me cagué toda. A la hora, Diego me mandó un mensaje de Whatsapp: “¿Qué hacés agregando a mi novia a Facebook?”. Le dije la verdad. Le dije: “La verdad es que la estaba stalkeando y toqué sin querer”.

24>