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Un día antes de que Diego volviera yo estaba mitad preocupada y mitad superada. Recuerdo haberle dicho a Agos y a Ceci en el Kentucky de Av. Rivadavia que si Diego volvía y no me invitaba al festejo de su cumpleaños yo lo quería volver a ver. Para cortar con alguien no hace falta amenazar, me di cuenta después. Que cuando uno realmente quiere dejar al otro lo tiene que hacer apenas un momento después de sentirlo. En el Kentucky fui tajante en serio, irme de vacaciones, o sea distanciarme, me había enfriado. Lo de enfriado lo aprendí de la boca de mi papá. De ahí en adelante, cuando me hablan de Diego, en vez de bajar la cabeza, levantaba las cejas. No es que estuviera enojada, yo lo extrañaba mucho, pero estaba más expectante que extrañándolo. El día de su vuelta fue un jueves por la tarde, el primer jueves de marzo. Apenas me desperté miré el celular, pero este jueves era especial. Lo vi en línea durante 10 minutos seguidos. Le hablé. No me acuerdo con qué excusa, pero tenía que bañarme para entrar a trabajar, entonces hablé y entré al baño. Caminé las 10 cuadras que me separaban de mi casa al trabajo chateando por celular. Hablamos con chistes distendidos; de su gata, del viaje, de la moda de Europa que debía adecuarme a eso, me decía él.

Nos habíamos olvidado de las últimas peleas y estábamos preparando secretamente el reencuentro. O yo creía eso. Llegué a trabajar toda transpirada, un poco agitada. Sabía que ese día no iba a poder concentrarme. Tenía el celular pegado a los ojos. La charla quedó por la mitad, y no volvimos a hablar ese jueves. No recuerdo cómo hice para dormir sin hablarle o decirle: que onda, tas bien, ya está todo bien entre nosotros?, nos vemos? Pero hice fuerza y esperé. Yo creo que toda la relación se trató de esperar un poquito más a que pasaran las cosas. De ese jueves tengo un blanco. El viernes me desperté, transpirada y agitada de nuevo. Se ve que soñé algo que me dejo del culo, pero no recuerdo, mi cerebro iba más rápido que mi cuerpo y mi cuerpo que mis emociones y mis emociones recuerdo que estaban tan aceleradas que terminaron por paralizarme. Las 10 cuadras que me separan de mi casa al trabajo las hice en taxi, ya no podía caminar. Creo que ese día más que otros caí en la cuenta de que estaba realmente mal. Es raro ponerme a juzgar en esta etapa, pero estaba mal. Salieron a la luz todas las obsesiones, y explotaron todas ese día. El día que yo esperaba que me hablara y no me hablaba y también me pregunté cómo llegué a esperar esto, pero me culpo yo. Como sintiéndome mal estoy esperando esto. Qué hago retrasando los sentimientos? Esto me va a abrir un hueco. Y si existen ya huecos adentro, esto me va a matar. Todo eso sentía, y mientras sentía todo esto no podía sentir nada más.

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