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Diego encontró mi blog y me mandó un audio desde Italia diciendo que había hecho ese blog para herirlo a la distancia y que si él me estaba lastimando le gustaría que se lo dijera. Le dije que estaba pasando un momento difícil en el que no podía manejar mis emociones, que no era nada con él. Al otro día fui a San Telmo y le mandé una foto y no me respondió aunque estaba en línea.

Le insistí: “Respondeme algo, malo” y me dijo que lo dejara ver el partido de River tranquilo, que estaba en un hotel de Madrid con un amigo que se había hecho. Pasaron tres horas y le dije que quería amigarme, que quería calmarme, que lo quería mucho. Y me dijo: “estoy mirando el partido de River en el hotel no me molestes más”. Y le dije que quería hablar con él, y me pidió que lo dejara en paz. Y nos empezamos a maltratar. Le dije que no quería volver a hablar hasta su vuelta. A los 3 días me mandó completo este poema de Pessoa, un fragmento muy hermoso fue este:

¡Con cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!

Después de eso no volvimos a hablar hasta el 28 de febrero, el día de su cumpleaños. Pero él entraba a mi blog todos los días, el contador de la plataforma me avisaba desde qué país entraba y las veces que lo hacía. A Estados Unidos no fue, pero a Portugal, Italia, Francia y España sí.

Volviendo al 28 de febrero: le mandé un mensaje diciendo que lo quería y le deseaba un feliz cumpleaños, que nos veíamos a la vuelta. Su respuesta: “Gracias por escribirme, estoy emocionado. Extraño capital, amiga”. Mi deseo de cumpleaños también había sido muy distante.

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