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Estuvimos una semana de verano sin vernos, enojados, distantes, casi sin hablar. Y cuando me habló, me dijo de vernos. Cuando nos vimos estábamos intensos los dos. Como excitados. Como si no habernos visto nos hubiera excitado. Yo hacía teatro por Ángel Gallardo, y en la parte de la relajación, siempre lloraba, iba a teatro con unos borcegos de 6 centímetros de altura, y el profesor me decía que me los sacara, pero yo necesitaba sentirme alta.

Estuvimos una semana de verano sin vernos, enojados, distantes, casi sin hablar. Y cuando me habló me dijo de vernos. Lo que sí me acuerdo es haber comido en el piso: pedimos sushi con un descuento que yo tenía y tomamos un vino riquísimo que le habían regalado en el banco en el que trabaja. Puso jazz y me preguntó si era muy cliché comer sushi con jazz de fondo y le dije que no sabía, pero que el jazz no me gustaba. Entonces le pedí que pusiera Es Mentira! de Miranda como si ese día se me pudieran cumplir todos los deseos. Y cantamos: “Dejalo así mi amor, no quiero más excusas por favor, cuánto tiempo hemos sido, uno los dos, me preguntan a mí contestas vos”. Y nos reímos porque ya estábamos borrachos. Me empezó a hacer masajes, y después nos empezamos a besar. Y cogimos en el piso, y subimos al sillón, y después pasamos a la cama. Y en la cama me dijo: “Te extrañé mucho”, y yo no respondí. Y cuando estábamos abrazados me dijo que no le respondí nada al “te extrañé mucho”, y le dije que lo había extrañado pero que no se lo quería decir en ese momento. También me comentó con algo de miedo que esa tarde había ido a Coto a hacer las compras y vio cepillos de dientes con descuento y compró dos. Me dijo que uno podía ser mío y le agradecí. Me dijo que uno podía ser mío y le agradecí.

Estuvimos una semana de verano sin vernos, enojados, distantes, casi sin hablar. Y cuando me habló me dijo de vernos. Me lavé los dientes antes de ir a dormir y puse el cepillo en el mismo vasito que él. Él lo puso en la caja en la que vino y lo guardó en un cajón.

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