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El lunes siguiente tocaba Coiffeur en el Buenos Aires Design y fui hasta su casa en el 113 que paraba a una cuadra de mi anterior trabajo. Antes, pasé a comprarme unas plataformas negras por un local de Triunvirato. Cuando llegué a su casa tenía malhumor. Estaba distante, haciéndose el superado, iba de acá para allá por su casa, haciendo que buscaba algo, o que esperaba a alguien, como a Godot. En la parada me compré un helado de agua. En el colectivo los dos nos quejamos del calor que hacía; cerré los ojos un rato. Cuando llegamos fuimos a comprar unas cervezas a Carrefour y le hizo un chiste al cajero de algo como que yo tenía un carácter fuerte. Como cuando mi mamá me quiere pedir que descuelgue la ropa o ponga la mesa y en vez de pedírmelo directo a mí, se los pide a mis perros.

Tomamos las cervezas y también comimos unas papitas. Me crucé con Ivo, un chico al que besé 2 veces: la primera vez que nos besamos fue en una fiesta del Konex; la otra, me hizo una cena en su casa. Y por tercera vez noté el enojo de Diego a partir del saludo a Iván; me quedé callada y nunca le aclaré “quién era ese pibe”. Pero de esto me enteré cuando terminó el recital y fuimos hasta Mc Donalds caminando sin hablar. En el camino entramos al Village Recoleta a mirar ropa pero estaban todos los locales cerrados. En Mc Donalds él comió una hamburguesa con papas y gaseosa, y yo una ensalada César. Y después de varias veces de insistirle, me dijo que no estaba para boludeces, que vio “cómo me miré con ese chico” y ahí también reconoció que estaba enganchado conmigo, que hacía mucho que no le pasaba lo de sentir celos. ¿ Qué son los celos para vos?, le pregunté. Y dejó brotar el machito patriarca que llevaba dentro. Yo respeto los celos, los celos son lindos si se comparten con el otro, como ahhhh sentí celos, algo en la panza, pero él dijo que se dio cuenta que me quería porque otro chico me saludó. “Se abrió el juego de sentir celos”, dijo, porque yo unos días antes le había hecho por primera vez una escena. “No nos podemos ver más de una vez por semana, porque parece que no sabemos manejar las distancias y nos tenemos que pelear”, le dije, después de lo de Iván, y me pidió que no dijera eso. Que había sido algo pasajero.

Ese día no me habló en todo el día, cuando llegué a su casa no me habló, en la parada de colectivo no me habló, en el recital no se me acercó hasta después de la pelea que me quise ir a dormir a mi casa porque estaba cansada de verlo y me dijo que si siempre que me dijera algo me iba a querer ir a dormir a mi casa, no me hablaba más. Y tuve miedo de estar en peligro. Y yo pensé que la escena de celos fue una excusa para poder descargar su bronca contra mí. Yo me enredaba mucho, él me enredaba mucho, a veces pensaba que todo era culpa mía. Otras veces, que todo era culpa suya. A veces me enroscaba tanto que pensaba que él estaba conmigo porque en realidad no me podía dejar, y la vez de la escena de celos pensé que no había podido decirme que “no” de ir a ver a Coiffeur entonces me dijo que “sí”, pero tuvo que arruinar el recital y hacerme cargo, de cierta manera.

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