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Tres veces de las que me emborraché en su presencia, hice papelón: la primera fue en la tercera cita tomando vino, me puse a bailar “Like a Virgin” en el living de su casa, me quedé en corpiño y me caí arriba de su bicicleta, me desperté con moretones. Cuando nos despertamos yo quería irme rápido por la vergüenza que sentía. La segunda fue cuando lo invité a conocer a mis amigas: ahí ya caí borracha porque la situación me superaba, iba a conocer a mis amigas del colegio, entonces me emborraché. Todas mis amigas tenían novios en ese entonces; ahora yo llevaba a un nuevo chico que todavía no era novio; tampoco importaba tanto eso aunque me hubiera gustado escuchar “sos mi novia” de su boca. Ese día estaba muy nerviosa porque mis amigas iban a conocer al “segundo Diego” de mi vida. El tercer papelón fue con cerveza cuando fui al evento de poesía de su hermano en el kiosko de la madre. Ahí me emborraché y le pegué una cachetada a Diego porque no me prestó atención durante toda la noche y en un momento hizo que me callara cuando dije que quería cantar una canción. Nuestras mamás eran quiosqueras, eso era algo representativo para mí. Al otro día del evento, cuando amanecimos en su casa, me dijo que estaba enojado porque le había pegado una cachetada delante de todos. Y que no era la primera vez. Nos entramos a bañar. Y me tuve que ir a La Plata. Salí con la cabeza mojada, toda pálida, estaba llegando tarde a filmar un corto de unos amigos y cuando llegué estaban enojados por mi impuntualidad. Algunos ya se habían tomado el colectivo y otros, como Ceci, me esperaron. Las 2 horas de viaje estuve con la cabeza contra el vidrio, usando la campera como frazada, pidiendo perdón. “Perdón: quebré, vomité todo”, les decía. Con Diego nos hacíamos muchos baños de inmersión y escuchábamos el Trío Los Panchos y también a Sandro, pero generalmente cuando estábamos juntos; cuando estábamos separados yo escuchaba Babasónicos, y él Galaxie 500; yo Valentín y los volcanes, y él Bob Dylan. Mi tema preferido de Los Panchos: “Si tú me dices ven”. Nuestro tema preferido de Sandro: “Te propongo”. Lo cantábamos; él me lo cantaba y yo me reía porque me daba un poco de vergüenza, vergüenza no, pudor, me gustaba, me ruborizaba. En esos momentos yo sentía que su amor llegaba hasta mí.

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