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La tercera vez que nos vimos fue el sábado 26 de julio. Me habló el viernes a la tarde cuando estaba en el trabajo y me invitó a salir; le dije que sí pero que después del cumpleaños de Lai, mi mejor amiga del secundario. Hablamos de tirarnos el tarot, y de la página ‘arcanos.com’. El sábado hablamos a las 11 de la noche, yo le escribí un mensaje y le pregunté si nos ibamos a ver y me dijo algo así como “cero problema si no nos vemos”, y le dije: “Mejor veámonos”. Estuve todo el cumple de Lai con el celular en la mano. Nos encontramos a la 2 de la mañana en Imperio de Avenida Scalabrini Ortiz y Corrientes; fui en taxi porque estaba llegando tarde. Cuando llegué le pagué al taxista con 100 pesos -o eso creí- pero me dijo que solo le di 5. Entonces crucé a Imperio y le dije a Diego lo que me había pasado y tuvo que ir a pagar por mí porque yo no tenía más plata; discutió con el taxista, yo lo veía hacer movimientos con sus manos y su cuerpo desde el Imperio; mientras cruzaba la calle mirando hacia los dos lados de Scalabrini yo desvié la mirada y seguí tomando una coca que me había pedido, él entró y me dijo: le dije algo así como “te voy a pagar pero la estás estafando”.

En Imperio él ya había tomado un café, entonces le dije que fuéramos para otro lado, me sentía incómoda, como si hubiera roto un florero de alguien con quien tengo poca confianza. Le dije que me iba a tener que invitar todo porque no tenía más plata. Nos fuimos a su casa en otro taxi, le pedimos al taxista que hiciera el mismo camino que hace el 106. Llegamos y me tiró el tarot, tomamos vino; ese día nos acostamos a las 7 de la mañana, nos despertamos al mediodía y tomamos un café en el sillón. Yo lo miraba mientras tomaba el café y él empezó a hacerme preguntas: qué música me gustaría escuchar, qué canciones son las que más escucho en loop, si tengo algún tema preferido, que preferido no significa escuchar todo el tiempo...tal vez preferido como algo secreto para mí. Le dije: “Me da lo mismo”, porque esa pregunta me pone incómoda y puso “El pájaro vio el cielo y se voló”, de Los auténticos decadentes y la empezó a cantar y sentí que se la estaba dedicando a alguien. Yo estaba en el sillón y el en una silla de esas bajitas que son para los niños de un jardín. Después trató de convencerme para que escuchara el CD de los aútenticos decadentes en mi casa. Él estaba con un pantalón pijama, y yo con unas calzas negras y un buzo azul de él; hablamos de los distintos apodos que habíamos tenido alrededor de nuestra vida. Y para adentro empecé a pensar en todas las canciones que me habían marcado por algún motivo; muchas listas de reproducciones enteras, que me habían acompañado en distintos recorridos, como cuando cursé periodismo en Eter que siempre escuchaba un compilado de Charly Garcia, o a la salida del estudio contable, agarraba Avenida Pampa y escuchaba todos los Cds de Viva Elástico, desde el celular.

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